Cortejo latinoamericano

Mientras Estados Unidos endurece su postura con sus vecinos del sur, Europa, China y Rusia aumentan su presencia y ven una oportunidad para establecerse.

Fotomontaje. Imagen Vladimir Putin- Xi Jinping (centro) tomada de la página oficial del Kremlin/Presidencia de Rusia; Merkel (autor: Armin Linnartz); Trump (Gage Skidmore), todas bajo licencia CC.

Como si las controvertidas posiciones del presidente Donald Trump sobre la migración, la construcción de un muro con México y la reducción de su cooperación con la región no fueran poco, el mandatario cerró la semana dando un manotazo a los avances logrados por su predecesor en la normalización de las relaciones con Cuba.  Mensajes inequívocos, que otras potencias han sabido leer como oportunidades. Es el caso de Alemania, China y Rusia que han puesto nuevo entusiasmo en sus alianzas estratégicas en la región, tanto políticas como económicas.

El más reciente episodio fue la simbólica visita de la canciller alemana, Ángela Merkel, por Argentina y México. Esto tiene una connotación importante para la política internacional, aseguró el analista Nicolás Albertoine, a CNN en Español. La visita a Argentina busca un nuevo liderazgo ante un Brasil abatido políticamente por la crisis de corrupción y dar un espaldarazo a México que ha sido blanco de los ataques del presidente estadounidense.

Merkel elogió las reformas económicas impulsadas por el presidente argentino, Mauricio Macri, y se mostró satisfecha de que Argentina sea un importante socio de Alemania. “Esta asociación entre Alemania y Argentina crea un potencial más fuerte. Nos acompaña una importante delegación de empresarios que está viendo qué oportunidades de inversiones hay en Argentina”. Agregó que Alemania puede ser “un buen socio” para la modernización de Argentina.

En México, Ángela Merkel y el presidente Enrique Peña Nieto reafirmaron su compromiso con el libre comercio y la defensa del medio ambiente, temas que han enfrentado a Donald Trump con el resto del mundo. La relación comercial entre México y Alemania tiene todavía espacio para crecer, en parte por el tratado de libre comercio entre el país latinoamericano y la Unión Europea, vigente desde el año 2000.

El otro movimiento geopolítico importante tiene que ver con la presencia de China en América Latina. El pasado 13 de junio, el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, sorprendió al anunciar la ruptura de las relaciones diplomáticas con Taiwán y el establecimiento de relaciones con China, a nivel de embajadores. El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua son los países centroamericanos que reconocen a Taiwán.

Este movimiento no sólo cierra aún más los pocos espacios que Taiwan había conquistado por años con una diplomacia de millones de dólares en la región.

El anuncio coincidió con el cuarto aniversario de la aprobación de la Ley 840, relativa al proyecto de El Canal Interoceánico por Nicaragua, cuya concesión fue entregada a la empresa china HKND por un período de 100 años.

El acercamiento entre China y Panamá, según algunos sectores nicaragüenses, alimenta la idea que el Gobierno de China no tiene interés de construir un Canal por Nicaragua, si cuenta con el de Panamá. El presidente Varela dijo que China representa 20 por ciento de la población mundial y constituye la segunda economía más grande del mundo. Además, es el segundo usuario más importante del Canal panameño.

En 2015, el presidente de China, Xi Jinping, informó que su país invertirá 250 mil millones de dólares en Latinoamérica en los próximos 10 años, como parte de su estrategia para aumentar su presencia en la región. China es el segundo socio comercial de América Latina, detrás de Estados Unidos, pero se prevé que para 2025 sea el principal socio comercial de la región. América Latina es importante para China por sus recursos naturales y por el mercado que se está desarrollando en la región para los productos chinos. China es el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú. Y el segundo de Argentina, México y Venezuela.

Los vínculos entre América Latina y China se seguirán fortaleciendo en la medida que se vaya abriendo nuevas oportunidades en comercio y finanzas. Además, es necesario que Latinoamérica implemente políticas de desarrollo productivo modernas para mejorar y diversificar su estructura productiva. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) los contratos firmados por las empresas chinas en Latinoamérica suman 74.000 millones de dólares en los sectores energía, transporte y telecomunicaciones.

Finalmente Rusia ha encontrado en sus viejos amigos: los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, la forma de mantenerse vigente. Pero sus intereses obedecen más a razones geopolíticas que económicas. El Gobierno de Nicaragua es un socio estratégico de Rusia en Latinoamérica, así lo remarcó el presidente ruso, Vladimir Putin, el 11 de julio de 2014, durante una reunión relámpago en el Aeropuerto Internacional de Managua con su homólogo nicaragüense, Daniel Ortega.

Foto: Diana Ulloa / Confidencial

Aunque Putin aseguró que fortalecería la cooperación económica con Nicaragua, lo más evidente es la cooperación en materia de “seguridad”. Rusia ha dotado el Ejercito de Nicaragua con 50 tanques de guerra, estimados en 80 millones de dólares, lanchas rápidas para patrullaje marítimo y otros tipos de armamento. Además ha cooperado con el Centro de Capacitación Antidroga en Managua para capacitar a fuerzas policiales y militares de Centroamérica y el Caribe e instala el sistema satelital Glonas, del que hay sospechas sea utilizado para espionaje electrónico.

Mientras esto sucede la Casa Blanca realizó anuncios importantes en relación a América Latina y el Caribe. Uno de los más importantes tira por la borda los avances que había logrado el expresidente Barack Obama en relación con Cuba. 30 meses después de que Barack Obama iniciase un histórico acercamiento con Cuba, Donald Trump da marcha atrás en el proceso de apertura al limitar los viajes a la isla y prohibir el flujo comercial con el poderoso conglomerado militar.

Por otra parte,  Estados Unidos planteó reforzar su política de seguridad en Centroamérica, pero ha propuesto destinarle menos recursos.  En 2017 la ayuda de Washington para el llamado Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) fue de 650 millones de dólares, el próximo año fiscal será de 460 millones, según la propuesta del presupuesto que debe ser aprobado por el Congreso. El vicepresidente estadounidense,  Mike Pence, afirmó “nos aseguraremos de que nuestras fronteras estén cerradas para aquellos que busquen hacernos daño y de que sean infranqueables para las drogas que están asolando nuestras familias y comunidades”.  El secretario de Estado Rex Tillerson formuló la misma idea. “Buscamos impulsar la seguridad nacional estadounidense, garantizar nuestras fronteras y avanzar en nuestro interés económico”, dijo al abrir la Conferencia para la Prosperidad y la Seguridad en Centroamérica.

En un contexto de elevada incertidumbre en la relación de Trump con América Latina, las inversiones de Alemania, China y Rusia parecen cobrar importancia, lo cual también se ha planteado como una oportunidad para afrontar los retos del desarrollo de América Latina. El trío no oculta su interés de expandir su zona de influencia alrededor del mundo, convirtiéndose en naciones que le disputan la hegemonía a Estados Unidos en una región marcada por la inestabilidad política, el debilitamiento institucional, la corrupción, el narcotráfico y el crimen organizado. Algo así como pescar en río revuelto. Más cuando Brasil, que hasta hace poco era el llamado para erigirse como una potencia regional por estar en el top ten de las economías globales, perdió su liderazgo por los escándalos de corrupción que ocupan los titulares de los medios todos los días.

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