La frontera del crimen

La vida común de los ciudadanos corrientes que viven y circulan en la frontera entre Colombia y Venezuela está sometida a estrechos controles especialmente a raíz de las tensiones políticas entre los gobiernos de ambos paises, pero más allá de los pasos oficiales esta línea divisoria es tierra de nadie.

La vida común de los ciudadanos corrientes que viven y circulan en la frontera entre Colombia y Venezuela está sometida a estrechos controles especialmente a raíz de las tensiones políticas entre los gobiernos de ambos paises, pero más allá de los pasos oficiales esta línea divisoria es tierra de nadie. Criminales de todos los pelambres se mueven a sus anchas. Es el caso de miembros de la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional, ELN, de la casi extinta guerrilla del EPL, de la banda criminal denominda El Clan del Golfo, de los Urabeños, entre otros, que no solo conviven sino que delinquen de forma conjunta con miembros de los diferentes organismos de seguridad de Venezuela.

Así lo confirmó en el terreno un equipo de investigación del diario EL PAÍS de Cali, que en alianza con CONNECTAS y con el apoyo del International Center for Journalists – ICFJ, recorrió por dos semanas esta zona limítrofe. En el viaje confirmó y obtuvo imágenes inéditas de cómo la extorsión es la única ley real, que cada grupo aplica a su antojo a la gasolina de contrabando que sale de Venezuela, a las mercaderías de contrabando que ingresan para paliar la necesidad, o a los migrantes que huyen hacia Colombia buscando mejor suerte.


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En la frontera el contrabando de gasolina y productos esenciales como alimentos se ha convertido en un negocio tan lucrativo como el narcotráfico. Por eso cada posibilidad de cruce irregular entre ambos países, se disputa por guerrillas, bandas criminales y miembros corruptos de las fuerzas armadas regulares venezolanas. Cálculos de autoridades de ambos países indican que solo en el negocio ilegal de combustible se mueven entre tres y seis millones de dólares diarios. Una oportunidad que se dá, ya que la gasolina que pasa desde Venezuela se ha vendido a uno de los precios más bajos del mundo, y llega a manos de las mafias colombianas que lo venden hasta 5.000 veces al valor que lo compraron.

Los episodios más recientes de tensión entre los gobiernos de Nicolás Maduro de Venezuela, y Juan Manuel Santos de Colombia, el inicio de una negociación para el desarme de la guerrilla del ELN, la búsqueda del Clan del Golfo de una opción para desmovilizarse, la disputa por los espacios que dejaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en la zona y la salida masiva de venezolanos que huyen de su país, tiene como telón de fondo estas economías criminales fronterizas. Un flagelo que es contenido en muy baja medida. Datos oficiales indican que las incautaciones hechas en Colombia de productos originados al otro lado de la frontera alcanzaron los 100 millones de dólares en los últimos seis años. Una cifra que por ser un valor evidentemente menor a todo lo que allí se mueve, más que evidenciar un éxito en la lucha contra el crimen, muestra cómo no son efectivos los controles.

Los hallazgos del recorrido publicados en por EL PAÍS de Cali, se pueden consultar acá. En la serie de relatos se mostrarán de manera sucesiva a los actores protagónicos que manejan los negocios ilegales en el área y evidenciarán el alcance de las prácticas extorsivas que aplica a diario la Guardia Nacional Bolivariana, uno de los componentes de la Fuerza Armada Nacional de Venezuela, cuestionada por cometer excesos de fuerza contra los manifestantes que se expresan contra Maduro y actuar con indiferencia cómplice ante criminales que operan en la zona limítrofe. Entre otros hallazgos también se evidenciará el rol que las mafias han asignado a niños, cuyos derechos son violados a diario, y que paradójicamente “dan orden” a la vida ilegal de la frontera colombo-venezolana.

Primera entrega  

Fueron 1.800 kilómetros los recorridos por el equipo de investigación del diario EL PAÍS de Cali. La ruta comenzón en Colombia, atravesó de extremo a extremo los estados Táchira y Zulia en el occidente de Venezuela y terminó de nuevo en el territorio colombiano. Como un diario de viajes, muestra la ubicación de los actores que manejan los negocios ilegales, las constantes prácticas extorsivas de militares venezolanos, las opciones de la gente común que incurre en el contrabando acompañadas de una lectura de analistas a los dos lados de la frontera que explican las lógicas detrás de la vida fronteriza.

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Segunda entrega 

El ELN controla el paso de las lanchas que llevan contrabando de gasolina y otros productos en el río Tarra en el estado Zulia en Venezuela. Imágenes inéditas obtenidas por el equipo de investigación de EL PAÍS de Cali confirman el alcance de la penetración del grupo subversivo de origen colombiano en el territorio del país vecino. El encuentro con los hombres armados es detallado en una crónica que desmiente las versiones oficiales de voceros venezolanos, que desde el más alto nivel niegan la infiltración de la guerrilla.

 

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Tercera entrega 

La presencia de bandas criminales como Los Rastrojos y el Clan del Golfo crean terror en la población de las áreas limítrofes. Los informes de la inteligencia colombiana indican que ambas organizaciones han incrementado su pie de fuerza con nuevos reclutamientos. Habitantes de la zona cuidan cada movimiento, porque se sienten vigilados y temen a civiles que inexplicablemente cobran extorsiones en los puestos fronterizos, mientras los militares venezolanos se convierten en testigos mudos de los hechos.

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Cuarta entrega 

Los Pelusos tienen 400 hombres que se despliegan entre Colombia y Venezuela, de acuerdo con fuentes militares. El equipo periodístico recorrió una de las trochas o pasos ilegales binacionales cuyo control se atribuye al grupo disidente de la guerrilla del EPL. El camino clandestino, conocido como la “Pika del Dos”, sirve de ruta a los productos que son extraídos irregularmente desde el territorio venezolano. Los retenes improvisados aparecen en la vía como una señal de poder así como los letreros que identifican al grupo. Uno de esos avisos anuncia el ingreso en Colombia pese a que está kilómetros dentro de Venezuela.

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Quinta entrega 

Funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana lejos de actuar como parte de una institución militar del Estado venezolano operan en la frontera con Colombia como un gran grupo orientado a la extorsión. Así lo confirmaron periodistas de El País durante su recorrido en el cual los uniformados exigieron ilegalmente sumas de dinero en no menos de 20 ocasiones. La experiencia del viaje confirma además los hallazgos obtenidos en una base de datos, creada especialmente para este trabajo, con más de 500 registros de funcionarios militares y de las fuerzas del orden venezolanos involucrados en delitos que van del contrabando al narcotráfico.

                                 

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Sexta entrega 

Alrededor de los grandes grupos que controlan las economías criminales de la frontera entre Colombia y Venezuela, pululan actores menores que viven de las oportunidades que dejan los negocios ilegales. “El Flaco” es uno de ellos y su función es gestionar cupos para vender gasolina a particulares en estaciones de servicio que limitan las compras a los ciudadanos y permanecen bajo control militar. La actividad le ha resultado tan lucrativa que afirma, contra toda evidencia, que en Venezuela no hay crisis. Su modo de ganarse la vida es una metáfora del alcance del negocio del contrabando de combustible en el área y de las luchas diarias de los venezolanos comunes para comprar gasolina.

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 Séptima entrega 

Mientras subversivos, bandas criminales, militares corruptos y mafias organizadas dominan la frontera, en el pueblo guajiro de Paraguachón, en Venezuela, los niños han sido convertidos en una pieza útil del contrabando de combustible. Allí cumplen, como diminutos soldados, una función: descargar pulmón los tanques de los vehículos que llegan a la localidad para vender gasolina. La actividad los expone a consecuencias irreversibles para su salud, pero a ningún funcionario del Estado parece importarles. La investigación de El País de Cali en una de las fronteras más peligrosas de América Latina cierra con un retrato inédito: el de los Niños Chupadores de Paraguachón.

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Este reportaje fue realizado por la Unidad Investigativa de El País.com.co en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center for Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS.


 

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