La ruptura oficialista en Ecuador

Una olla de grillos y corrupción se empieza a destapar en Ecuador. Su mayor protagonista es el vicepresidente sin funciones Jorge Glas, respaldado por el expresidente Rafael Correa. Ambos, en pugna con el actual mandatario y también oficialista Lenin Moreno.

Lenin Moreno y Jorge Glas, de fondo, a la izquierda. Foto de la cuenta Flickr de la Agencia de Noticias ANDES

La descomposición del movimiento oficialista Alianza País (AP) avanza a paso acelerado desde la separación de funciones del vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, el 3 de agosto pasado. Una jugada del actual mandatario Lenin Moreno para deslindarse de los mayores escándalos de corrupción de la última década en los que ha sido involucrado Glas. Pero que ha enfurecido a su antecesor Correa, que ha reforzado su tesis de un nuevo frente político sin perder oportunidad de lanzar improperios contra quien fue su vicepresidente durante seis años. ‘Somos como hijos de padres divorciados, que no saben si irse con mamá o con papá’, aseguró un asambleísta de AP.

 

 

 

Glas se niega a renunciar y aunque se ha quedado sin funciones oficiales, conserva el cargo, el sueldo de seis mil dólares mensuales y la única obligación que le impone la Constitución ecuatoriana: reemplazar al presidente en caso de ausencia. Además ha asegurado que recorrerá el país en su camioneta. Y ya hizo su primera parada en la provincia de Manabí, donde revivió a las “sabatinas” de Rafael Correa (enlaces de radio y televisión que usaba como palestra para informar de sus labores y descalificar a sus opositores) bajo el nombre de “Sábado ciudadano”. El acto fue descalificado por la Secretaría Nacional de Comunicación (Secom), la otrora encargada de esos espectáculos semanales.

 

El paso campante del vicepresidente sin funciones, pese a la larga lista de acusaciones que arrastra, ha provocado la indignación de varios sectores sociales. A parte de estar envuelto en el caso Odebrecht y Caminosca, hace poco fue incluido en la indagación previa por un perjuicio al Estado de 5.2 millones de dólares por la entrega del bloque petrolero Singue al consorcio conformado por Dygoil y Gente Oil Development Ecuador LLC. En el caso también está inmerso el exministro de Correa, Wilson Pástor, y su hija Silvana Pástor, que fungía como apoderada de la última empresa mencionada.

 

 

Pero el caso del bloque Singue es pequeño comparado al caso Odebrecht, donde Jorge Glas ha sido acusado por el exdirector de la constructora en Ecuador, José Conceição, de recibir 14.1 millones de dólares por la concesión de varias obras emblemáticas para la “Revolución Ciudadana”. Una de ellas, la del aplanamiento del terreno para una refinería que quizás nunca se construya, le costó 1.200 millones de dólares al Estado. El delator, le reveló a diario O Globo de Brasil que pagó las coimas a Glas a través de su tío Ricardo Rivera. Dijo además que grabó varias conversaciones con Rivera y una con Glas que tuvo lugar en la Vicepresidencia el 29 de junio de 2016, a donde entraba sin registrarse. Los audios apenas empiezan a conocerse. Glas lo niega todo y asegura que se han tomado su nombre.

 

El confesor de Odebrecht José Conceição también embarró a quien fuera el juez de cuentas del Estado durante los diez últimos años, Carlos Polit. En una de las grabaciones ya reveladas, el hasta hace poco Contralor de Ecuador admite que prefiere recibir sobornos en efectivo y comenta con Conceição sobre la tajada que habría recibido el aún Vicepresidente por medio de Rivera. Polit salió del país rumbo a Miami el 26 de mayo pasado, dos días después de la posesión de Moreno como primer mandatario. La excusa fue una consulta médica pero dejó designando a un apoderado para que lo represente en los procesos que luego se abrieron. Una semana después de la partida de Polit, la policía allanó su casa y el departamento de Rivera, quien sí fue capturado y ahora se encuentra bajo prisión domiciliaria.

 

Pese a la indignación ciudadana, Polit se mantuvo en el cargo hasta el 20 de junio pasado, cuando envió una escueta renuncia a la Asamblea, de mayoría oficialista, que lo censuró dos semanas después. Mientras que la Corte le dictó prisión preventiva el 7 de agosto último. Apenas en el mes de marzo, la bancada de Alianza País lo había reelegido como Contralor por un periodo de cinco años. Ahora están bajo la lupa todas las contrataciones públicas auditadas por Carlos Polit durante la última década.

 

Durante estas últimas semanas, los ecuatorianos han sido espectadores de un circo que refleja la decadencia de la política e institucionalidad ecuatoriana. Desde las pugnas por mantener espacios de poder dentro el partido de gobierno, la casi nula fiscalización de los políticos de oposición que también mantenía una buena relación con el excontralor Polit, sin contar con la deficiente actuación judicial, que como es ya tradición, comienza a dictar medidas cautelares cuando los peces gordos han salido del país.

 

Un escenario decadente que se agudiza con la crítica coyuntura económica que hace poco reconoció el actual mandatario, quien contabilizó en cerca de 60.000 millones de dólares los pasivos y deuda pública. Un anuncio que le valió nuevas críticas del expresidente Correa, quien le increpó que siempre estuvo al tanto de la situación. Sin contar que a pesar de estar viviendo en Bélgica está próximo a lanzar su “EnlaceDigital”, una nueva versión de su sabatina. Con un panorama así, que vaticina una ruptura del partido oficialista, la estabilidad del Ecuador parece tener tener los días contados.

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