Nicaragua, camino al absolutismo

El comandante Daniel Ortega se impuso, con su esposa como compañera de fórmula, en unas elecciones atípicas. ¿Qué significa la continuidad del líder sandinista en el poder?

Ortega no tiene rivales de peso en los comicios del domingo. Foto tomada de la cuenta Flickr de Renata Ávila

El Consejo Supremo Electoral (CSE), Poder del Estado que organiza y dirige las elecciones nicaragüenses, está seriamente cuestionado y no goza de credibilidad para garantizar elecciones libres y transparentes.

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El reportaje “Cedulación: Otra pieza del poder absoluto de Ortega”, afirma que la carrera de Daniel Ortega para llegar a ser presidente por tercera vez consecutiva ha implicado el debilitamiento democrático. Desde el Ejecutivo, controla a los demás Poderes del Estado: Legislativo, Judicial y Electoral; y los ha instrumentalizado para garantizar su reelección indefinida.

La Coalición Nacional por la Democracia, principal fuerza opositora, tras ser inhibida del proceso electoral, llamó a la abstención y calificó las elecciones como una farsa.

Un editorial del diario La Prensa afirma que en 1974 la dictadura somocista montó una farsa electoral, como la de  ahora, que dio lugar al surgimiento del Movimiento de los 27 líderes democráticos, que lanzaron la proclama “No hay por quién votar” y llamaron a la abstención. Esta vez, se ha creado otro Grupo de los 27, integrado por líderes políticos y por intelectuales como Gioconda Belli y Ernesto Cardenal, haciendo el mismo llamamiento.

 

El Frente Amplio por la Democracia (FAD) ha llamado a la abstención consciente y activa. Considera que no votar es un acto político de rechazo a la farsa electoral y de rebelión ética contra la mentira y manipulación del derecho a elegir.

Las votaciones se realizarán sin Observación Electoral nacional e internacional independiente. El propio Ortega lo anunció públicamente y llamó “sinvergüenzas” a la Unión Europea y a la Organización de Estados Americanos. Posteriormente, en un intento tardío por legitimar las votaciones, el Gobierno de Nicaragua, invitó al Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, a establecer un diálogo, en respeto y comunicación constructiva.


Luis Almagro, informó que una misión de la OEA visitará Nicaragua entre el 05 y el 07 de noviembre, no para observar las votaciones sino para sostener un diálogo con expertos e invitados, un rol que le quita fuerza al organismo. Asimismo, confirmó que visitará Nicaragua el próximo 01 de diciembre.


Para diversos sectores nicaragüenses, una nueva “reelección” de Ortega y la designación de Rosario Murillo a la vicepresidencia, significa la consumación de un régimen dinástico familiar y la imposición de un sistema de partido único.

Un editorial de El País, dice que “Daniel Ortega, ha dado un paso más en su deriva totalitaria (...) Con el nombramiento de su esposa, Rosario Murillo, como candidata a la vicepresidencia, asegura la continuidad en el poder de su círculo familiar. Y recupera así, en una vuelta de tuerca de amarga ironía, la abyecta tradición de la dictadura dinástica que en siglo XX fue encarnada en su país durante 45 años por los Somoza”.

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El opositor Edmundo Jarquín, considera que el “triunfo” del orteguismo implica, sencillamente implantar un sistema de partido único, al estilo del ex bloque soviético, donde además del partido comunista dominante había una serie de micro partidos subordinados".

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El orteguismo ha arrasado con todo lo que podría significar un obstáculo en la consolidación de su poder político-familiar y económico.

El periodista y politólogo, José Alejandro Cepeda, dice que es paradójico que Ortega, quien contribuyó a derrocar más de cuatro décadas de abusos dinásticos del clan familiar Somoza, ahora esté empeñado en que su legado sea el retroceso a un país dictatorial, nepotista y quizá de partido único.

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Desde la perspectiva gubernamental, la “reelección” de Ortega significa la continuidad del modelo de Alianza, Diálogo y Consenso, el bien común, la seguridad, la erradicación de la pobreza y la restitución de derechos.

Pero ni el partido de gobierno, ni los partidos subordinados a Daniel Ortega, que participan en las elecciones, garantizan a la sociedad nicaragüense un programa serio que responda a problemas cruciales del país como la pobreza, el acceso a la tierra para las mujeres, la violencia contra las mujeres y el desempleo.

El cierre de los espacios democráticos ha dejado en evidencia -ante la nación y el mundo- que la familia gobernante, consciente de su debilidad, teme a la voluntad de los nicaragüenses; por eso, ha impedido la realización de elecciones honestas, transparentes e inclusivas. Resultado, autoridades ilegitimas.

 

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