Corrupción, desigualdad, paraísos fiscales…y más trampa

El referéndum con el que los ecuatorianos prohíben que políticos y funcionarios tengan activos en paraísos fiscales es saludado con optimismo, pero no está exento de críticas sobre su motivación y verdadera efectividad.

Para la comunidad internacional pasó inadvertida una consulta popular, en medio de un accidentado proceso electoral, que empatada a las elecciones presidenciales y parlamentarias invitaba a la gente a votar si se establecía la prohibición de “tener bienes o capitales, de cualquier naturaleza, en paraísos fiscales”, para todo aspirante u ocupante de un cargo público.

Con las revelaciones de las multimillonarias fortunas que se esconden en destinos extraterritoriales para evadir el pago de impuestos, como lo demostró la investigación de los Papeles de Panamá, y la forma como la reserva de la información fiscal es usada para la corrupción, como también se ha evidenciado con el caso Odebrecht, el Gobierno sembró la expectativa de un triunfo aplastante. “Los paraísos fiscales son de los peores enemigos de las democracias debido a la evasión fiscal, ocultamiento de transacciones, fomento del crimen organizado y apoyo al terrorismo”, decía el Presidente Rafael Correa para impulsar su iniciativa.

En Ecuador la iniciativa fue vista como una forma de interferir en las justas electorales pues Guillermo Lasso, candidato que quedó en la competencia en la segunda vuelta enfrentado con el candidato de Correa, ha reconocido que tiene intereses en un Banco en Panamá.

Es así como la consulta terminó con un 55 por ciento de respaldo y celebrada con optimismo por el Gobierno.  El presidente ecuatoriano Rafael Correa dijo a la agencia Andes: “Nos está viendo el mundo entero, Ecuador puede ser ejemplo, verán que va a ser un efecto dominó”.

El llamado “pacto ético” impulsado por Correa, reafirma su posición de que se conozca toda la información sobre los beneficiarios de esta cuestionada figura tributaria. Una posición por demás contradictoria con las restricciones que su mandato de 10 años ha impuesto a la libre información en su país.

 

En la comunidad internacional, la consulta fue recibida con buenos ojos, pues está claro que los beneficios individuales que los paraísos fiscales le dan a los poderosos van en contravía del bienestar común que se espera genere la economía, al menos como es concebido dentro de las democracias occidentales. Sin embargo, localmente se escucharon voces influyentes para no satanizar las inversiones en estos destinos financieros.

Un análisis de la BBC evidencia factores clave que estarían atados a las medidas respaldadas en Ecuador como lo es romper la simbiosis entre poder político y económico, y darle a la sociedad la oportunidad de un modelo económico que ataque aspectos estructurales como la desigualdad, uno de los sellos característicos de América Latina.

Los paraísos fiscales son motivo de preocupación global: “según estimados, al menos 32.000 billones de dólares se encuentran en paraísos fiscales”, dijo el experto de la ONU sobre la Promoción del Orden Internacional Democrático y Equitativo se lee en un comunicado.

Según cálculos de la Cepal y Oxfam, en 2014 el 10% más rico de la población de América Latina amasó el 71% de la riqueza de la región.

Es precisamente ese orden global el que hace que una de las principales características de estos destinos permanezca infranqueable, como lo es el secretismo con el que se maneja la información. De ahí que surgen inquietudes de cómo se hará efectiva la consulta aprobada por los ecuatorianos. Por ejemplo, tras la publicación de los Papeles de Panamá , el Secretario General de la OCDE, José Ángel Gurría afirmó que el istmo era “el último centro financiero internacional importante que permite aún que los capitales se oculten en paraísos fiscales de las autoridades tributarias y policiales de su propio país”.

Por un lado si algo tienen los paraísos fiscales es su facilidad para esconder los verdaderos tenedores de las fortunas que resguardan. Pasar de una mano a otro lo que esconden, es algo que fácilmente se logra sin mayor rastro. De otro lado, la medida en solitario de Ecuador necesitaría el concurso de más países, para lograr efectos con mayor impacto. Pese a la expectativa de Correa que esto desencadene un “efecto dominó” aún no se vislumbra nada, por lo que está por verse. En ese mundo, las trampas para esconder capitales están a la vuelta de la esquina, así que ante una nueva restricción, una nueva trampa surge a menos que sean medidas que influyan directamente en todo el sistema.

Finalmente las medidas de transparencia y publicidad sobre patrimonios e intereses de los dignatarios elegidos popularmente y de funcionarios, sería un gran punto de partida en un pacto ético global contra la corrupción, y en esto aún falta mucho por recorrer. Incluso en países como Ecuador.


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